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Fernanda EviaPsicóloga y psicoterapeuta sistémica

¿Cuándo una discusión de pareja se convierte en un patrón?

Por Fernanda Evia García · Psicóloga y psicoterapeuta sistémica · Cédula profesional 15022266

Costura en zigzag sobre tela tejida, en tonos crema y lavanda

Hay una frase que escucho en casi todas las primeras sesiones de terapia de pareja, dicha casi siempre con cansancio: “es que siempre acabamos peleando por lo mismo.” Y cuando les pido que me cuenten la última discusión, y después la anterior, y la anterior a esa, casi nunca fue exactamente “lo mismo”. Fue la ropa tirada, después el dinero, después una visita a la familia, después quién se hace cargo de qué. Temas distintos. Y sin embargo, algo dentro de ustedes tiene razón: sí es lo mismo. Solo que no es el tema.

No es el tema, es el baile

Aquí es donde el enfoque sistémico con el que trabajo cambia por completo la forma de ver un conflicto de pareja. En vez de analizar cada pelea por su contenido —quién dijo qué, quién tiene razón sobre la ropa o el dinero o la visita a la suegra—, miro la secuencia: qué hace uno, qué responde el otro, qué hace el primero después de esa respuesta, y así hasta que la discusión termina, siempre más o menos de la misma forma. A esa secuencia repetida la llamo el patrón, o si quieres una imagen más fácil de recordar, el baile.

El baile es lo que se repite, aunque cambie la canción. Puede que hoy discutan por dinero y la próxima semana por los suegros, pero si en ambas ocasiones uno insiste en hablarlo de inmediato mientras el otro se cierra y pide espacio, y eso hace que el primero insista todavía más, y el segundo se cierre todavía más, hasta que uno explota o el otro desaparece por horas… ese es el patrón. El tema es solo la excusa que lo activa esta vez.

Cómo reconocer que están en un patrón y no en un problema puntual

Algunas señales de que lo que tienen no es un problema aislado, sino un patrón sostenido:

  • Terminan discutiendo prácticamente igual sin importar de qué haya empezado la conversación.
  • Podrían casi predecir, palabra por palabra, cómo va a reaccionar el otro.
  • La discusión escala muy rápido, como si ya tuviera el camino recorrido de otras veces.
  • Sienten que “ganan” o “pierden” la discusión, pero nunca sienten que de verdad se resolvió nada.
  • Días después, algo pequeño vuelve a encender exactamente la misma dinámica.

Si te reconoces en varias de estas, no significa que su relación esté condenada. Significa que hay un patrón identificable, y lo identificable se puede trabajar.

El patrón más común: quien persigue y quien se aleja

Uno de los patrones que más veo en consulta —y que la literatura sistémica describe ampliamente— es el de perseguir y distanciar. Una persona necesita hablar el conflicto en el momento, resolverlo, tener claridad ya; entre más se demora la conversación, más ansiedad le genera. La otra necesita espacio, tiempo para procesar antes de hablar, y siente que hablar en caliente solo empeora las cosas.

Cuando estas dos necesidades chocan sin que ninguna de las dos personas entienda la lógica de la otra, se arma exactamente el patrón: quien persigue insiste más fuerte porque siente que la están ignorando, y quien se aleja se aleja todavía más porque siente que lo están invadiendo. Ambos están, a su manera, tratando de manejar el mismo malestar —la desconexión— con estrategias opuestas que terminan alimentándose entre sí.

Hay otros patrones frecuentes: dos personas que escalan por igual hasta que la discusión se vuelve una competencia de quién grita más fuerte, o dos personas que evitan tanto el conflicto que los temas importantes nunca se hablan y se acumulan en silencio hasta explotar por algo pequeño. El patrón específico varía; lo que se mantiene igual es que el problema real no es el tema del día, sino la coreografía que ambos sostienen sin querer.

Por qué cada quien tiene razón y el patrón sigue igual

Una de las trampas más comunes en este tipo de dinámicas es que, si le preguntas a cada persona por separado, ambas tienen razones válidas para reaccionar como reaccionan. Quien persigue tiene razón en que la conversación se está evitando. Quien se aleja tiene razón en que hablar en ese momento de tensión no está llevando a nada bueno. El problema no es quién tiene razón; el problema es que ambas estrategias, aplicadas al mismo tiempo, se retroalimentan y hacen que el patrón se sostenga indefinidamente, sin que ninguno de los dos esté “equivocado”.

Esto es justo lo que trabajo en terapia de pareja: no busco determinar quién tiene razón sobre el tema puntual, sino ayudar a la pareja a ver el patrón desde afuera, como algo que los dos sostienen juntos, para que dejen de pelear entre sí y empiecen a trabajar juntos contra el patrón.

De dónde vienen estas coreografías

La forma en que cada uno responde al conflicto no nace en esta relación. Casi siempre viene de mucho antes, de los primeros vínculos donde cada quien aprendió qué hacer cuando algo se sentía inestable. Alguien que aprendió, desde niño, que insistir era la única forma de ser escuchado, va a insistir en la relación de pareja también. Alguien que aprendió que alejarse era la única forma de protegerse de un conflicto que se sentía peligroso, se va a alejar aquí también, aunque su pareja actual no represente el mismo peligro que representaba entonces.

Vista desde la Teoría del Apego, esto tiene mucho sentido: ambos están usando, sin darse cuenta, la estrategia que en algún momento de su vida les funcionó para sentirse a salvo. El problema es que esas dos estrategias, puestas juntas en la misma relación, chocan una contra la otra en vez de resolver nada. Si te preguntas por qué a veces sienten que discuten por miedo a que el otro se aleje —o por miedo a que el otro se acerque demasiado y pierdas tu espacio—, este artículo sobre pensar en terminar la relación cada vez que discuten profundiza en esa parte específica del ciclo.

Romper el patrón no es “ganar” la discusión

Aquí está quizás el cambio de mentalidad más importante: romper un patrón de discusión no significa que uno de los dos “gane” o le enseñe al otro a comportarse distinto. Significa que ambos entiendan la coreografía completa —su parte y la del otro— y decidan, conscientemente, hacer algo distinto en el momento exacto donde normalmente reaccionarían en automático. Eso requiere que ambos vean el patrón, no solo la parte que le corresponde al otro.

Cuando conviene un espacio afuera para verlo juntos

Ver el propio patrón desde adentro es difícil, casi por definición: si pudieran verlo con claridad en medio de la discusión, probablemente ya lo habrían cambiado. Por eso una de las funciones más útiles de la terapia de pareja es, justamente, ofrecer una mirada externa y neutral que pueda nombrar el baile mientras sucede, sin tomar partido por ninguno de los dos.

Si sienten que llevan tiempo teniendo la misma pelea con distintos nombres, y que ya lograron identificar que el tema nunca es realmente el tema, puede ser el momento de conocer más sobre la terapia de pareja en San Luis Potosí. Pueden agendar juntos, o puede empezar uno de los dos mientras el otro se anima a sumarse. Cualquiera de las dos formas es un punto de partida válido. Pueden escribirme directamente para platicar su situación antes de decidir.

¿Esto te suena familiar? Conoce cómo trabajo Pareja.

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